20 A. ADICTA DE LO PIES A LA CABEZA Y SIN SABERLO

Soy adicta desde bien pequeña, pero eso lo sé ahora, después de llevar 3 años en GAEX.

Una de las cualidades de un adicto es quererse muy poco, es es lo que me pasó a mi, incluso a día de hoy, no lo sé hacer plenamente.

Desde bien pequeña ya iba creando mi comportamiento adictivo. Mi primera sustancia fue la comida y hoy en día todavía sigo luchando para que no me controle. Comía y comía muchas veces hasta quedarme hinchada. Mi madre, mi abuela, siempre han dicho que era una niña muy comiente, que me gustaba comer mucho y ellas orgullosas, porque, claro, qué mejor cosa que un niño que coma bien.

Cuando cumplía 8 ó 9 años, ya me empezaban a insultar en el cole como gorda. Mi hermano pequeño también, pero bueno, no me afectaba mucho, era una niña y no me lo tomé mal. Ya cuando empecé a cumplir edad, la cosa cambió. Tengo que contar también que recuerdo comer a escondidas. Sabía que estaba mal, porque mi madre me daba de comer lo normal para una niña, a lo mejor algún postre, o para merendar galletas, lo típico, y ya cuando pedía más, ni madre me decía que no y yo lo cogía a escondidas y me lo guardaba en los cajones para cuando todo el mundo durmiera, entonces, comérmelo.

Ya estaba afianzando mi adicción por la comida. Una cosa es “ser comiente”, como me decían, y otra cosa muy distinta es “ser dependiente” de la comida.

Solo un adicto a la comida puede entender lo que siento. El no saciarme con nada, ¿qué estaba intentando llenar? Ese vacío que intentaba, que intento llenar con la comida.

A la edad de 10-11 años, surgió otro comportamiento adictivo. Antes tengo que decir que, no sé si tendrá que ver, un familiar mío que me llenaba de regalos caros y yo creo que me acostumbré a eso y cuando no lo tenía lo conseguía por otro lado. Empecé a robar para comprarme juguetes. Ese comportamiento me llenaba también. Tener más y más me llenaba de satisfacción, satisfacción rápida. Todo terminó cuando me pillaron. Mi infancia pasó, no la recuerdo mala, era feliz con mi familia pero sí tenía esos comportamiento que fui haciéndolos normales y lo más peligrosas que yo pensaba que era así.

Entré en la adolescencia, empecé a conocer lo que era sentir algo por un chico, lo que era enamorarme. Me enamoraba de chicos que pasaban de mi, buscando el amor de mi príncipe azul. Probé el alcohol con mis amigos y me gustó, y, encima me volvía más valiente, menos vergonzosa y a darme la seguridad que me faltaba. Y, sobre todo, a pasar de los chicos que pasaban de mí y conocer a otros que no.

Llegó la época de salir con mis amigos/as, a coger mis primeras borracheras. Nos gustaba pillar el punto, como decíamos, pero no llegábamos a coger borracheras todos los sábados, que era cuando salíamos. No sé cuando pasé de hacer uso del alcohol al abuso, supongo que por esa época cada vez bebíamos más y ahí fue cuando pasé al abuso.

Mi comportamiento con la comida era el mismo. Comía de más aunque lo contrarrestaba porque me gustaba hacer mucho deporte. Empecé a tomar pastillas para adelgazar de vez en cuando, diuréticos y siempre estaba liada con la comida y las dietas, con cremas anticelulíticas, lo probaba todo, pero, claro, como me gustaba tanto comer, pues no adelgazaba. Tenía alguna época que adelgazaba mucho y luego como tenía tanta ansiedad, me pegaba atracones por las noches y lo volvía a coger…era cuestión de tiempo.

Me empecé a quedar sola en casa los findes ya que mis padres tenían un chalet y se iban a pasar los 3 días. No tenía a nadie que me controlase. Seguía saliendo, bebiendo, con chicos, probé los porros, que al principio la tontería me gustaba, me reía mucho, me creía mayor.

Me compraron una moto. Iba de un lado para otro, amigos, salidas, bebida y porros. Esa época la recuerdo buena, de adolescente estudiaba los justo, mis amigos, me encontraba bien, creía que era lo normal de cualquier chico de mi edad. Hasta que una día me di cuenta que después de estar con los amigos fumando porros, cuando me iba a casa comenzaba a rayarme, a pensar paranoias de mis amigos, de lo que podrían estar pensando de mí, o de que si yo hacía esto o lo otro, iba a pasar ésto o lo otro. Me rayé tanto que hasta fui con una psicóloga, la primera de mi vida. No me sentía feliz, no sabía que era lo que me pasaba. Pero claro, no le conté nada de mis comportamientos con la comida ni con las sustancias.

Decidí dejar los porros yo sola, pero seguía bebiendo, solo los fines de semana, seguía viviendo mi vida de adolescente. Siempre he estado gordita unas veces más, otras menos, pero siempre había en mi vida el tema comida, gimnasio, pastillas para adelgazar, cremas. No me gustaba mi físico, nunca me ha gustado, me veo gorda. He tenido siempre un poco de sobrepeso, pero nunca nada exagerado. Yo creo que siempre ahogaba mis penas amorosas con la comida, después de beber. Menos cuando me pillaba borracheras gordas, que acababa vomitando, diciéndome que nunca más lo iba a hacer.

Una vez salí como de costumbre con mis amigos a beber, pillé borracherá y me lié con un tío mayor que yo. Èl se pasó tocándome, pero yo no me daba ni cuenta. Al día siguiente me arrepentí como siempre. Una noche de sábado que salí con una amiga de la infancia, ésta me ofreció una raya de coca y claro, nada me impedía probarlo, si sentía un poco de miedo, pero por hacerme la valiente, lo hice, y me gustó. Empecé a salir con esta amiga a discotecas, me alejé de mi grupo de amigos de siempre. Consumíamos todos los findes, poca cantidad, pero consumíamos, y lo que más me gustaba era que al meterme esa sustancia, todo me daba igual. Que mis padres no me entendieran, me daba igual, que mis amigos ya no me llamaban, me daba igual. Desde siempre he querido ir a la universidad…. Pues ya empezaba a darme igual.

Yo era una persona que salía sí, pero entre semana cumplía con mis obligaciones, no siempre bien, pero me iba defendiendo, por eso nadie se dio cuenta, ni siquiera yo. Pensaba que era una chica normal, que estudiaba, trabajaba y se pegaba sus fiestas. La relación con mis amigos de antes se acabó, pero hacía amigos de fiesta, me sentía querida y eso me valía.

Estudiaba lo justo, me saqué un grado superior en Alicante, fué allí donde me provoqué mi primer vómito, comía compulsivamente y luego me sentía mal y acababa vomitando. Pensé que era perfecto, porque podía saciar esa ansiedad con la comida y luego vomitar, y así no engordar.

Vomitaba de vez en cuanto, creo que dos veces al mes, o, algunos meses más o menos, según me encontrara, por eso no pensaba que tuviera un problema justo que me pasó con la coca o el alcohol. Yo pensaba que tenía el control con éstos comportamientos, pero no era así. Ellos me controlaban a mí.

Mi vida seguía igual, yo pensaba que estaba estable. Tenía una edad en la que no quería engordar, comía lo justo y hacía mucho deporte. Los fines de semana consumía coca, alcohol y tabaco, no podía pasármelo bien sin alcohol, iba de fiesta en fiesta sin hacer otra cosa nada más que salir. Una vocecilla dentro de mí me decía que no encajaba en ningún sitio, ni en mi familia, ni con mi amigos, ni con mi pueblo…en fin, me sentía rara, diferente y para callar esa voz seguía saliendo, consumiendo, consumiendo mis días, consumiéndome a mí misma. No me aceptaba, no aceptaba la persona que era sin consumir y eso era mi mayor problema.

A la edad de 23 años conocía a mi primera pareja estable, lo conocí de fiesta. Yo le dije a él: ¿Te vienes a meterte una raya? Y ahí empezó una relación tóxica con él. Empezamos muy enamorados o eso era lo que creía que era el amor. Al principio consumíamos de vez en cuando, pero ya el consumo aumentó, ya que, como él no tenía trabajo, su madre le puso un bar junto con sus hermanos.

Al principio bien, pero ya luego al no tener tiempo para vernos, decidí trabajar los fines de semana con él. Yo trabajaba toda la semana en mi trabajo y los findes me iba a trabajar al bar. Empezamos a robar en el bar para consumir. Después de trabajos os ibamos a consumir y a las máquinas. Así nos pasamos uno o dos años, en los cuales nos compramos un piso, una de mis primeras malas decisiones estando en Activo.

Mi vida con él pasó por muchas etapas. Una de ellas fue cuando empecé a consumir laxantes. Consumía laxantes todos los días, después de cenar y pegarme el atracón. Cogí muy malos hábitos alimenticios, casi nunca hacía comida, como él comía en el bar, yo me despreocupaba de él y, bueno, de mí ya me había despreocupado hace tiempo. Vivía por y para mi relación. Dejé por completo a todos mis colegas de fiesta, me centré en él y en sus amistades.

Consumíamos todos los findes, salíamos con una pareja amigos de él. Él era camello, entonces eso no nos faltaba.

Por la compra del piso nos dieron una ayuda de 7.000.- €, la cual nos fundimos enseguida, en compras, viajes y consumo. La relación fue empeorando cuando llevábamos 4 años. Los celos aparecieron en mi vida. Un sentimiento típico de los adictos. Me volví controladora, maniática, con paranoias. Engordé muchos kilos, pero mi única preocupación era que mi relación no se acabara. Mi pareja dejó el bar, porque decía que era mucho trabajo para él. Yo como tenía que controlarlo todo, me encargué de conseguir un trabajo para los dos los fines de semana y así poder tener dinero. Me sentía la salvadora de la relación. Ésta no fue para mejor, sino al contrario y se terminó.

Cuando me di cuenta que no podía estar llorando todos los días, decidí dedicarme e mi, a trabajar, al gimnasio, a mis amigos, pero como buena adicta, mis salidas de fiesta fueron a aumento.

Conocí a una chica en el gimnasio, nos hicimos muy buenas amigas y empezamos a salir viernes, sábado y domingo, eso sí, sin coca, solo alcohol. Ella bebía poco, algunas noches más, pero como de costumbre ella llevaba el coche y yo era la que bebía más de la cuenta. Parecía una esponja, no tenía canse, lo “bueno” es que no consumía y esa conducta afianzó más en mi la creencia de que yo controlaba. Había semanas que ni siquiera bebía, si teníamos algún evento en el gimnasio, casi no bebíamos.

Las salidas empezaron a crecer. Una amiga de las de consumo apareció, y yo iba combinando salidas. Empecé a consumir cocaína, a veces yo sola, a quedar con chicos y a hacer locuras de coger el coche bebida e irme a Murcia yo sola. Casi me quitan el carnet de conducir, si no llega a ser porque habían unos cursos para recuperar puntos. Seguía de fiesta en fiesta, viendo amanecer y seguir en un after hasta el domingo por la noche. Los lunes eran mortales. Trabajaba y tenía que enseñar mi cara al mundo, poner mi mejor sonrisa cuando por dentro estaba destrozada.

La semana pasaba más o menos y ya venía los jueves y el cuerpo me pedía marcha.

En esa etapa me quedé muy delgada, hacía mucho deporte, casi no conmía, adelgazantes, diuréticos, etc., tenía un trastorno alimenticio, pero no me daba cuenta, y luego si me venia la ansiedad me pegaba el atracón y a vomitar.

Tantas salidas, tanto consumo, tantas relaciones, llegó un día que me cansé, necesitaba sentar la cabeza, mi alma me lo pedía a gritos. Y como buena adicta, empecé una relación tóxica. Si yo no era capaz de tener una relación sana conmigo misma,…. ¿Como iba a tener una relación sana con alguien?. Pero claro, eso yo no lo sabía, asi que, empecé una relación con un chico del cual no estaba enamorada. Un chico bueno, trabajador, ese era mi salvador.

Empezamos bien, como todos los principios, él bebía alcohol, hacía uso de él y yo como siempre, abusaba. Mi consumo con la coca bajó, la comida seguía igual en mi vida. No comía bien, pero me estabilicé un poco ya que estaba con mi chico y no quería que pensara que era una desequilibrada.

Yo consumía de vez en cuando coca, en fiestas con mis amigas, noche vieja, cumpleaños. Los fines de semana cuando me bebía una cerveza, pues me apetecía, pero no lo hacía porque como estaba con mi pareja, me cortaba. Mis consumos fueron desapareciendo, y me centré en la comida. Comía a escondidas, me metía los dedos de vez en cuando y tomaba laxantes también de vez en cuando. Vuelvo a repetir que por no hacerlo muy a menudo, me creía que controlaba mi vida.

En 2013 me quedo embarazada. En esa época era muy feliz, poco a poco me enamoré del que hoy por hoy es mi marido. Él me trataba bien, me quería de verdad y eso fue lo que me enamoró de él, me hacía reir, me dio una estabilidad, aunque yo por detrás seguía alimentando a mi adicta. Tuvimos a nuestro hijo y muy bien, ahí yo me deje todo, durante todo mi embarazo, me cuidaba, hacia deporte, comía bien. Pero una Navidad, empecé a tontear con el alcohol otra vez, acabé pillando coca con una amiga amaneciendo.

Seguí consumiendo alcohol, siempre empezaba los jueves o los viernes y pocas veces pillaba coca. No la tenía tan a mano y me daba mucha pereza pedir teléfonos o ir a algún sitio a por ella, entonces bebía hasta saciarme.

Aparecieron los celos hacia mi pareja, mis inseguridades, me perdí del camino otra vez. Comía compulsivamente, no tenía ninguna rutina con la alimentación, me volví controladora de todo y mi marido se cansó y tuvimos nuestra primera crisis. Yo volvía a hogar mis penas en alcohol. Volvimos a los 2 meses, al principio todo bien, yo hacía mi deporte, comía bien, estaba agusto. Eramos una familia normal. Yo tenía mis consumos de alcohol y cocaína algún día esporádico, Navidad, tal vez.

Con el tema de la comida seguía igual, tenía mis épocas engordar mucho y mis épocas de adelgazar, no era nada estable. Los atracones formaban parte de mi vida, pero los compensaba metiéndome los dedos, haciendo mucho deporte, pastillas para adelgazar.

Era una persona muy compulsiva, empezaba cosas que nunca acababa como por ejemplo, estudios, dietas y ahogaba muchas veces mi impulsividad en casa. Volvieron mis celos, mi control, no no ser feliz, iba a psicólogos, pero como yo no contaba todo como lo cuento ahora, nadie sabía cual era mi problema.

Una noche de carnaval nos fuimos a tomar unas cervezas con los crios. Yo me tomé 3 tercios y tenía una sensación rara, para empezar no estaba agusto, como casi siempre, quería irme a mi casa para estar a solar y comer pero quería seguir bebiendo. Cogí a mi hijo y me fuí a casa, pero antes pasé por la gasolinera a comprarme un litro de cerveza. Llegué a casa y lo primero que hice fue acostar a mi hijo para poder quedarme tranquila bebiéndome el litro y luego acabar pegándome el atracón con lo primero que encontraba en la nevera. A los días, no sé el por qué, estaba con mi hermano y se lo conté, porque me di cuenta de que en vez de disfrutar con mi hijo, solo quería acostarlo para seguir bebiendo.

Mi hermano que ya estaba en la asociación GAEX me dijo que fuera y que hablara con Vicente para ver lo que él me decía sobre lo que me daba cuenta. Éste comportamiento de beber mucho y luego acabar comiendo compulsivamente lo había tenido a lo largo de mi vida, pero no sé por qué esa noche me di cuenta de que no era normal.

Y aquí empieza mi gran aventura en GAEX. Julio de 2020, primera semana del mes, quedo con Vicente en Diego Ramirez. Al principio me pareció una cosa extraña, una casa baja, vieja… Cruzar esa puerta fue vencer al “qué dirán”. Lo pensaba muchas veces cuando entraba… Y la gente que me estará viendo, pensará que soy una drogadicta, borracha, pero no es así, yo no era nada de eso, era una chica que buscaba algo, para arreglar el no sé qué, que sabía que le pasaba, pero nunca nadie le había dicho.

Empecé a escuchar a Vicente, a escuchar las terapias. Me acuerdo que fue una vez a la terapia de familiares por mi hermano, y dijeron una cosa, ahora no me acuerdo el qué, pero me resonó mucho, yo levanté la mano y hablé, solo me acuerdo lo que me dijo Vicente: “Tú deberías venir a terapia de adictos”, y así fue. Empecé en el grupo, a escuchar los casos de cada uno, y me sentía muy identificada en relación a cómo se sentían los adictos, porque yo sentía lo mismo, sin embargo, no me veía como ellos a la hora del consumo. Yo consumía los fines de semana y fiestas y ellos casi todos, entre semana también. Luego me di cuenta a lo largo de las terapias y escuchar a Vicente y a Damian y por aquel entonces a Pedro, que hay todo tipo de adictos, pero todos nos parecemos en algo: somos controlados por la sustancia, sea alcohol, drogas, juego, comida o, incluso, personas.

En el primer medio año cuando dejé de beber, que era lo que yo consumía en su momento, me encontraba genial, había encontrado una parte de mi que desconocía, podía pasármelo bien sin beber, sin consumir y me encontraba bien, estaba orgullosa de mis misma, bailaba, me reía, estaba contenta, adelgacé bastante, era una sensación de bienestar increíble.

No sé exactamente que fecha, pero yo creo que 7 u 8 meses de estar en GAEX, empezó mi adicta a tocarme la puerta. Todo era una contradicción, habían sentimientos de miedo y vergüenza porque me tenía que exponer al mundo, a mi familia. Y cómo yo iba a decir que estaba en una asociación de exadictos tratando mi enfermedad, si yo no bebía tanto, si yo nunca me había drogado, si yo tenía un trabajo, estaba casada y con un hijo, mi yo racional no sabía como hacerlo, como decirle al mundo que tenía un problema. Yo que siempre ocultaba que en el fondo no era feliz, yo, que tenía mi familia, mi trabajo y los pocos “amigos “ que me quedaban.

Me costó mucho aceptar mi enfermedad, aún a día de hoy, mi familia se piensa qu estoy en GAEX por mi problema con la comida. Vicente con otra compañera creó un grupo para el control de impulso a la comida, yo me sentí identificada con las compañeras que Vicente reunió una tarde en la asociación y decidí meterme al grupo de control de impulso.

No se como explicar el primer año que estuve en GAEX. Fue cambios, idas y venidas, cambios de humor, hasta acabé separándome de mi marido. Él me apoyaba a su manera, eso fue lo que más me costó aceptar, no tenía al 100% su apoyo y yo al ser una persona tan dependiente, empezaron mis celos, mis cambios de humos, mi fuerte entrada en GAEX, en sus ideales, se lo quería imponer a él también y eso a él le vino muy grande. Yo no sabía que quería, no sabía que sentía, estaba en mir proceso de cambio y él no se dio cuenta.

En esa temporada antes de separarme cogí muchos kilos, tomaba laxantes, vomitaba cuando me sentía muy hinchada del atracón. No se si alguien puede llegar a entenderme. Estaba confundida. Unos me decía que no era un adicta, en la asociación escuchaba otra cosa, mi marido estaba muy raro conmigo, mi cabeza era un caos.

Al final acabé separándome, pero sin papeles. Lo pasé muy mal, no entendía nada, como puede ser que todo se había roto en tan poco tiempo. Dejé de comer y me puse a hacer deporte. Me quedé muy delgada, me sentía bien, pero estaba arrepentida de mi actitud en la relación.

Tengo que confesar que a pesar de sentirme bien, guapa, seguía pensando que había dejado pasar a un hombre que merecía la pena. Seguí viviendo. Hubo unos meses que estuve confundida, no me acuerdo si fue antes o después de mi separación. Empecé a consumir cerveza 0%, una de las condiciones en GAEX es no beber cerveza 0% porque a los adictos no nos gusta la cerveza, buscamos el efecto que nos causa el alcohol, y al consumir 0% abrimos la puerta a poder recaer en nuestra adicción.

Tengo que ser sincera, y tengo que decir que han pasado meses desde que escribí la última vez, por pereza, por tiempo o por yo qué sé, pero ahora estoy aquí y eso es lo que cuenta.

Siempre me he sentido la rara, la rara del grupo, la rara en mi familia, la rara en mi trabajo o con amigos, hoy en día me doy cuenta que eso es mi esencia y estoy orgullosa de ser como soy.

Ahora estoy en el punto de controlar mi impulso a la comida – hoy es 18/10/2023- y todavía me cuesta controlar mi impulso a la comida, como me decía mi marido siempre (he vuelto con mi marido si estamos viviendo juntos, ya estamos sanando la relación y se nos está dando muy bien) que era una controladora y decía: Si te controlaras tú, tu apetito, igual que intentas controlar a los demás, ganarías mucho. Y lo siendo así, siento que he perdido mucho por no hacer las cosas bien, pero bueno, es mi proceso.

Anteriormente a esa fecha, tengo que contar que han sido tantas las veces las que he caído con la comida, que fue a un psiquiatra. Yo sé que me pasa algo en la cabeza que es el motivo de mi adicción. El psiquiatra me recetó unos antidepresivos en cantidad alta. Me diagnosticó bulimia nerviosa. Me siento en un principio bien, porque es como que yo tenía razón, me hacía falta medicarme para tener ese control en mí. Los primeros meses los efectos secundarios de las pastillas se notaron. Estaba muy cansada, tenía náuseas, malestar en mi estómago, me sentía mal, pero dejé de comer a ratos… porque tenía ansiedad, o sería a causa de mi estómago que estaba muy grande, pero las ganas de comer no se fueron. Yo esperaba, esperaba a la semana siguiente, a ver si las pastillas hacían su efecto y nada. Me sentía contenta a causa de la serotonina (hormona de la felicidad), las pastillas que estaba tomando son recaptadoras de la serotonia, asi que me sentía muy feliz comiendo, era increíble, me daba igual comer y comer, encima me sentía bien y pensaba que algún día las pastillas harían su efecto. Pero ese día no llegó, llevo casi 5 meses y sigo pegándome atracones e intentando controlar mi impulso a la comida.

He decidido quitármelas porque no veo resultados y se, con todas las herramientas que tengo, que puedo sola con ayuda de mis compañeros/as.

Solo tengo palabras de agradecimiento para éste proceso que todavía transito, para GAEX, para Vicente, para Damian, para mis compañeros.

Esta enfermedad que se llama adicción, es dura, primero para aceptarla y segundo para llevarla de tu mano, porque como luches contra ella es una batalla perdida.

Mi relato ha sido la causa de darme cuenta, o más que darme cuenta, de reconocer que no soy una persona constante. En el proceso de escribir, he tenido muchos parones y sobre todo, el último, que estuve 2 meses sin escribir nada.

Yo he expresado lo mejor que he podido mi trayectoria por este planeta, espero que ayude a muchas personas como yo a reconocer su problema con la comida, porque estamos como sociedad tan dormidos, hemos normalizado el comer cualquier cosa, comer procesados, darle a nuestros hijos bollería industrial, que despertar, aunque sea a los 40, como yo, ya es un paso.

GRACIAS

Deja un comentario