8A. QUE TONTERÍA. YO CONTROLO, YO PUEDO

Quisiera dejar testimonio de mi paso entre las brumas del alcohol sabiendo que como yo hay mas personas atrapadas entre esa neblina diaria que nunca se aclara, nunca desaparece.

Intentaré que sea un testimonio ordenado, sincero, concreto y cercano en el tiempo, en la intención de que sea útil para alguna persona que, como yo, quiera salir de la neblina y mirarse ante un espejo con nitidez.

No se exactamente como fui pasando del uso al abuso y de la tolerancia a la dependencia, pero ya no me acostaba completamente sobrio casi ningún día y los festivos o eventos, rara vez acababan bien, pues toda mi actividad giraba alrededor del alcohol si estaba a mi alcance. Naturalmente, yo era “feliz” en mi burbuja particular, en mi papel de (ahora lo se) payasete divertido y ocurrente. Mi familia, como casi siempre, andaba por ahí…

He tardado mucho tiempo en despertar, demasiado tiempo.

Demasiado tiempo mi mujer no tenía compañero, mis hijas no tenían padre, al menos un un compañero o un padre al cien por cien, ni siquiera vale eso de “una de cal..,” en mi caso entre la de cal y la de arena se perdía la cuenta.

Instalado en mi adicción me he recreado muchas veces en la vieja cantinela llena de promesas y juramentos a mi y a todos, que dice así… “yo controlo, yo puedo..”, y en ese momento de reflexión percibes tu frustración, tu impotencia, tu nula autoestima, tu ausencia de sentimientos, y más….Y cuando estas triste y abres otro bote de cerveza miras dentro de tu corazón y no hay nada.

El alcohol me afecta. Modifica mi conducta hacia el lado que no soy y no deseo, me oculta sentimientos, responsabilidades, autoestima, me lleva de la mano un día y otro día, y no tengo capacidad de respuesta ni resistencia. Y muchas veces ni siquiera me doy cuenta. Yo no, todos a mi alrededor sí.

Te miras al espejo por la mañana y eres el hombre invisible, que resuelve rápidamente el tema entrando al bar. En el bar eres un líder, todos te conocen y te saludan, te reafirmas y sostienes tu criterio, “que tontería, yo controlo” y para demostrarlo te vas a tu casa con un poquito de sed aun sonriente y crecido te acercas a tu compañera y ese “olorcillo” característico del bar hace que su mundo se tambalee porque no eres el que ha terminado de trabajar hace dos horas. El que ha entrado a la cocina es uno que viene de un bar y esta cocido como una gamba, y no da gusto estar a su lado. Pero tu estas bien, hoy estas pronto en casa y aun tenías sed, que problema hay? Yo no tengo ningún problema, el problema es de ella. La culpa de la discusión, las malas caras, el desamor, la espalda con espalda, …es un mal rollo…, ahora vengo.

Y así acaba otro día más. Parecido a los anteriores, sin gritos ni ruidos, todo con el protocolo tranquilo ensayado durante un día y otro y otro, y caigo en la cama como un saco de patatas y a mi lado se gime y se suspira. Pero, no tengo sentimientos, la anestesia hace su efecto y me duermo.

Tengo actuaciones “gloriosas” que procuro no olvidar (lo que recuerdo), que conocen mis compañer@s de Gaex, y sobre todo mi familia.

Estos recordatorios hoy día me reafirman en mi presente, me ayudan a explicar a otros por qué estas en la barra del bar (con tus excusas y todo) cuando una ambulancia llega para evacuar a tu suegra (esta actuación vale) y todo el mundo te busca. A veces es difícil explicar que se es un adicto, que es una enfermedad y que hay que aceptarla y convivir con ella. Es un proceso largo y lento, pero si se hace bien y de la mano de aquellos que van por delante te garantizas los mejores cimientos en tu rehabilitación y recuperación.

Ya al borde de la depresión permanente, del pasotismo integral. Ya apenas sin relaciones familiares “de calidad”, con algunas situaciones personales muy delicadas ( mi madre con noventa años y una cadera rota, dependiente total; mi hija necesitada de un ambiente idóneo que le permita preparar el examen de su vida..)mi Angel de la guarda me sonríe, un día de agosto de hace años mi hija mayor y mi mujer me acompañan a Gaex para para hablar con el Sr. Vicente.

De allí salgo con un Block en blanco de infinitas hojas y un mazo de bolígrafos para empezar a llenarlo y escribo en la primera hoja

Me llamo Antonio, soy adicto y llevo veinticuatro horas sin consumir”

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