Os voy a contar mi historia. Es duro recordar todo lo pasado. Yo cuando lo conocía sabía que algo hacia, aunque pensaba que eran los porros, pero no.
Cuando llegaban los jueves o viernes ya empezaba el motor de beber y al verme a mi, preparaba una pelea para seguir su fiesta…. Cuando yo lo llamaba para ver si venía, él tenía el teléfono apagado. En esos momentos me ponía muy mal y nerviosa, pues por mi mente pasaba de todo. Muchas veces llegaba con la boca hacia un lado y decía que eran las cervezas y no, era que que le daba a la cocaína.
Pasaron así muchas semanas, meses y me decía que no lo iba a hacer más. Eso decía y yo, tonta de mí, me lo creía. También esa adicción le daba desconfianza hacia mi, que si yo miraba aquí, que si miraba allá, que si tenía a alguien… Hasta que un día me dieron el número de Vicente y lo llamé. Cuando quedamos, yo estaba muy mal, ya que no veía la luz por ningún sitio. Todos los días había peleas, malas formas, malas contestaciones. Yo solo quería ayudarle, porque lo quería a pesar de todo lo que estaba viviendo.
Vicente me dijo: “Traelo tal día”, y, cuando se lo comenté a él, decía que no, que el no pensaba ir. Le contesté que, en ese caso, me perdería, y entonces, cedió. Pero nos costó un montón a Vicente y a mi su rehabilitación. Fueron muchas sesiones, porque el familiar se queda peor que el adicto, pero, finalmente, los dos conseguimos arrancar.
Fue lo mejor. Dio un cambio espectacular, cada vez a mejor, fíjate lo bien que iba todo que, teniendo 2 hijos, fuimos a por nuestra chica, que fue el premio que nos dieron.
Solo deciros que todo se puede conseguir y que después de la tormenta viene la calma, sobre todo no estáis sol@s.
Ánimo.
Gracias a Vicente y a Damián por todo lo que me han hecho crecer. Pero, sobre todo, gracias a esta Gran Familia de GAEX. GRACIAS.