16 F. EN LO BUENO Y EN LO MALO,…….

JUEVES 13 JULIO 2023.

F: ¿Qué tal ha ido la terapia?

A: Bien, muy bien, pero…. Nos han puesto deberes.

F: ¿Deberes? ¿Qué deberes?…

SÁBADO 15 JULIO 2023.

Estamos limpiando el patio de casa y …

A: Te lo tengo que decir. Tienes que escribir qué fue lo que más te dolió cuando te enteraste de mi adicción y si,a fecha de hoy, te queda algo de dolor por la situación.

F: ¿Cuanto tiempo tengo?

A: Antes del próximo sábado de terapia, es decir, justo una semana.

MARTES 18 DE JULIO DE 2023.

F: Para mí resulta difícil decir de una sola vez qué fue lo que más me dolió. Necesariamente lo tengo que hacer en 3 capítulos, puesto que ya han sido 3 veces las que me he encontrado con un adicto en casa.

MAYO DE 2008.

Teníamos un bebe de apenas unos meses. Supuestamente eramos felices, inmensamente felices. Pero había algo que no encajaba. Yo me sentía sola. Muy sola.

Éste sentimiento de soledad ya venía de atrás, porque recuerdo perfectamente haberlo comentado con una compañera de trabajo, estando yo embarazada. Tal vez una piensa que es cosa de los cambios hormonales que conlleva un embarazo, pero, evidentemente, había algo más.

Recuerdo perfectamente aquel día del mes de mayo que me sentaste en el sofá para decirme que tenías un problema, un problema con nombre propio: COCAINA.

Me quedé muda, sin habla, no sabía qué decir ni qué hacer. Solo pude llorar. Fueron lágrimas de dolor y de incredulidad. Angustia, inquietud, miedo… no sabía como enfrentarme a ello, pero lo tenía delante de mí y decidí cogerte de la mano y avanzar juntos en la recuperación. En esta ocasión buscamos la UCA . Solo pude ir una vez para comentar cómo me sentía y lo cierto es que verme allí, contando lo que había pasado, fue surrealista. No quería que nadie me viese. Para mí las drogas nunca formaron parte de mi vida y verme de repente metida en la UCA fue aterrador y casi humillante. Pero mi decisión de ayudarte pesaba más que toda esa situación.

Durante tu recuperación, el silencio, mi silencio, me hizo sentir aún mucho más sola. No fui capaz de compartir con nadie tu adicción, porque para mí, en mi mundo, no había cabida para las drogas.

Mientras tu recuperación marchaba perfecta gracias a los consejos de la UCA y, sobre todo, a tu gran fuerza de voluntad, yo, por el contrario, tuve que aprender a poner buena cara al mal tiempo. Debido a mi silencio, no había nadie que pudiera tenderme la mano, puesto que nadie conocía mi dolor. En ocasiones llegué a sentir celos de tí, puesto que todo se dirigía hacia tu persona. Tú lo estabas haciendo todo muy bien y yo, pues …yo era tu paño de lágrimas y poco más.

Pero, vamos a tu pregunta. ¿Qué fue lo que mas me dolió?. Pues, lo que más me dolió de esta primera vez fue que me llegué a sentir estúpida cuando todo saltó por los aires y me enteré de quien era tu camello. Era aquel del que me hablabas con toda tranquilidad, con quien salías a pasear a los perros y que había tenido un hijo casi a la par que nosotros una hija. Y yo, tonta de mí, había decidido hacer un regalo para su bebe…. ¡¡Madre mía, mientras él me quitaba el aliento yo le hice un regalo a su hijo.!!

Durante un tiempo tuve en mi punto de mira a éste camello. Lo conocía perfectamente. Es del pueblo. Estuve a punto de denunciarlo en la Guardia civil, porque conocía casi todo de él. Pero no lo hice. Y es algo de lo que hoy en día sigo arrepentida.

Angustia, inquietud miedo, rabia, ira, odio, incredulidad y soledad, mucha soledad.

26 DE MAYO DE 2020 (2ª vez)

No me lo esperaba. Estábamos en plena pandemia y de nuevo me invadió ese sentimiento de soledad tan lejano en el tiempo. Esta vez fue el alcohol lo que me hizo abrir los ojos. En casa se compraba bebida para pasar los días encerrados, jugando a las cartas, hablando de la vida, viendo pelis y cantando a las 20 h. el himno de la pandemia junto a los vecinos de la calle. Yo me podía beber un bote de cerveza, pero contigo la cerveza desaparecía. Aunque claro, en esta ocasión el motivo era la pandemia, que nos estaba dejando a todos fuera de juego.

Solo te hice una pregunta: ¿Es una mujer o es COCAINA?

La respuesta estaba clara. En esta ocasión TODOS tus amigos estaban al tanto de la adicción. Habías confiado en ellos para que te ayudasen, pero la mejor ayuda la tenías a tu lado, y aún no te habías dado cuenta.

De nuevo volviste a la UCA. Esta vez no hubo ayuda para mí, pero, al estar tus amigos al tanto, al menos tenía en quien apoyarme para seguir avanzando.

Lo que más me dolió: Las mentiras y la falta de confianza.

A uno de tus amigos le dije: “Siempre es mejor una verdad a tiempo que mil mentiras. Las verdades duelen, pero cicatrizan mejor que las mentiras”.

Como tu grupo de amigos lo sabía, confié en ellos para sacarte de nuevo de la adicción. Ellos te hacían compañía, se animaban y te apoyaban, pero, evidentemente, algo falló…seguramente en esta ocasión la UCA no fue suficiente para salir del problema.

19 DE MAYO DE 2022.

Y, como no hay dos sin tres… Aquí estábamos de nuevo, tan solo dos años después , tal vez, en estos dos años, nunca dejaste de consumir. Pero eso es algo que ya no importa.

De nuevo había “algo” raro en tu conducta y al contrastarla con uno de tus amigos, me dijo que ellos también percibían ese “algo”.

Solo tuve que entrar una vez en tu cuenta y echar un vistazo…… Dios mío, qué desastre. Resultaba evidente que ese “algo” volvía a tener nombre propio: COCAINA.

Ni corta ni perezosa y sin perder ni un minuto me dispuse a saber la verdad. Pero la verdad esta vez pudo conmigo. No podía mirarte a los ojos sin llorar, no quería ni que me rozases la piel. Sentía verdadera angustia. Mis fuerzas, las que me mantenía en pie, desaparecieron y me derrumbé. No quería nada malo para tí, pero también necesitaba protegerme de tus actos. Necesitaba quereme y cuidarme. Necesitaba tiempo…. ¿cuanto?. No lo sé, pero solo te pedí tiempo y que, por favor, no hicieras ninguna tonteria.

Mi hermano fue clave en éste proceso de recuperación. En primer lugar, por primera vez fui capaz de trasladar a mi familia el problema y le pedí a mi hermano que te acompañase por unos días, porque yo no me sentía capaz de ayudarte en esos momentos. También se hizo cargo de tu cuenta de ahorros y empezó a llevarla, hasta el día de hoy y sin que tú tengas ningún tipo de acceso.

Y, como era la tercera, estas vez teníamos que hacerlo bien. La UCA no había sido efectiva. No sé si llegaron a darte el alta o te la tomaste tú, pero, lo cierto es que el alta en una enfermedad crónica, NO EXISTE. Y LA ADICCIÓN, POR DESGRACIA,ES UNA ENFERMEDAD CRÓNICA.

Solo te puse una condición para volver a casa. Tenías que ir a hablar con Vicente, el de GAEX. Teníamos la solución tan cerca que no la vimos. Ha sido necesario volver a tropezar para ver con claridad los pasos que había que dar.

Para Vicente fue una alegría que tanto tú como yo acudiésemos a pedir ayuda. Él, como buen terapeuta también había visto ese “algo”, pero, también como buen terapeuta, dejó que nosotros diésemos el primer paso.

Ahora ya ha pasado un año de esa bendición, sí, porque fue una bendición acudir a GAEX.

Tú has encontrado tu camino y estás en paz contigo mismo. Ya no tienes ese nudo en la garganta que te impide confesar algo. Has aceptado tu adicción y tu presentación en las terapias de adicto te ayudan a seguir por el buen camino sin olvidar quien eres.

Yo he podido romper mi silencio, ese silencio que termina asfixiando al corazón, y he encontrado un lugar seguro donde poder hablar sin tapujos de mis sentimientos y donde aprender cada día una cosa nueva sobre la convivencia con un adicto.

Le tengo respeto al futuro, puesto que he aprendido que esta enfermedad es para siempre y puede aparecer en cualquier momento. Pero me tranquiliza saber que los dos estamos en buenas manos. Los dos estamos en GAEX.

Hoy no miro hacia atrás, porque duele. Juntos podemos conseguir grandes retos, porque la vida, en definitiva, es un reto y no hay nada mejor que disfrutarla con buena compañía.

De tu adicción, hoy por hoy, no queda más que un mal recuerdo, algo que hay que alejar de nuestras vidas y evitar, en la medida de lo posible, que nos vuelva a sorprender.

Ya no siento angustia, rabia, ira, odio, incredulidad.

Ahora no estoy sola. No estamos solos. GAEX ha entrado en nuestras vidas para quedarse y acompañarnos hasta el fin de nuestros días.

No quiero terminar este testimonio sin agradecer en primer lugar a Vicente, a Carmen y a Damián toda su ayuda, sus palabras y su cariño hacia nosotros.

Y, como no, mi agradecimiento también a todos los amigos y familiares (en especial a mi hermano) que, sin dudarlo, han aceptado el reto de ayudar a unos amigos “especiales”: a un adicto y a su mujer. Gracias

Ya sabes, estoy aquí para tí, en lo bueno y en lo malo, en la salud y en la enfermedad…….

Deja un comentario