Quisiera dedicar estas palabras a una persona entrañable para mí.
Lo conocí cuando yo sólo contaba con trece años. En aquellos tiempos él bebía, aunque con poquito, ya se le notaba, por lo que fui testigo de situaciones no muy agradables provenientes de alguien dependiente del alcohol.
Un día, su esposa le dio un ultimatum y, por fin, él cedió. Fueron en busca de Vicente Onteniente Sala y así empezó su aventura de la abstinencia.
NUNCA recayó.
Ya lleva 28 años y se ha ganado el respeto de tod@s. Dio un cambio a su vida radical, salió la persona que llevaba escondida dentro de él y, desde luego, todo cambió a su alrededor. Se convirtió en un HOMBRE cariñoso.
Recuerdo que cuando mi hija recién nacida estaba en su casa, era él quien la cambiaba, la bañaba, le daba el biberón y la dormía. No había quien le tocara a su nieta. Hizo lo mismo con todos sus nietos. Era el encargado de montar la mesa para que toda su familia celebrara la Nochebuena y así fue cambiando, siempre a mejor.
El hizo su trabajo y, su mujer, lo estuvo apoyando siempre, pues sin ella, todo es más complicado (es un ángel).
A día de hoy, éste hombre tiene alzheimer….. ya no conoce. Es muy triste encontrarse con él en el pasillo, darle un abrazo, y que ni siquiera parpadee. Es muy duro.
Este gran hombre de pequeña estatura, ya pagó su deuda con todo el mundo.
Con todo mi cariño, respeto y agradecimiento, a Don Miguel López Quesada.