Esta es mi historia. Soy el pequeño de tres hermanos. Mi infancia fue normal, como podría ser la de otro niño dentro de una familia estructurada. Mi época de juventud paso sin ningún tipo de problema, solo el de los estudios, en los que no fui un buen estudiante. Podíamos decir que pasé a los ojos de los demás desapercibido. A la edad de 22 años empecé a trabajar en una gran superficie y ahí conocí a la que fue mi primera novia y, a la vez, coincidió con el momento en el que mi padre enfermo de cáncer. A la edad de 25 años, sucedieron a la vez los acontecimientos que marcarían el comienzo de mi enfermedad. Mi padre fallece a la edad de 60 años, y la que era mi pareja pone fin a la relación conmigo. Tales sucesos fueron un torrente de emociones que no supe gestionar. El dolor por la muerte de mi padre y el sufrimiento por el rechazo. No supe canalizar lo que sentía. Fue demasiado duro para vivirlo.
Una noche de las muchas en las que el dolor, la pena y los recuerdos de todo lo que estaba sucediendo a mi alrededor me sumergen en la tristeza, alguien me ofrece algo que, al principio era dañino, pero me dijo que me ayudaría a sobrellevar todo ese malestar. Y lo probe, y funciono. De repente vi como cada sábado, la acumulación de dolor, daño, ira, frustración, recuerdos, rabia, furia, eran borrados de mi cabeza en noches en las que la sustancia hacía de mago para esconder todos esos sentimientos. Así entre en la adicción.
El tiempo, que todo lo cura, junto con la cocaína, hizo que todo fluyera en mí, haciendo olvidar esos momentos y dando paso a un modo de vida en el que el viernes marcaba la agenda semanal. Mi conducta adictiva empezó en el momento que todos los fines de semana sin excepción la sustancia estába presente. Debido a la repetición de mi conducta durante tantos fines de semana, mi cuerpo empieza a generar tolerancia a la sustancia, por lo que empiezo a consumir durante mas días. Ya daba igual que fuera fin de semana. Ahora el motivo, o, mejor dicho, la excusa, era cualquiera: un partido de futbol, una salida después de trabajar, una quedada, etc.…
A la vez que empiezas a consumir más, hay otras cosas que van desapareciendo o les vas dando la espalda, como son tus amigos. MI relación con ellos empieza a cambiar volviéndose distante y, por momentos, lastrante ya que ellos no consumían y yo sí. MI circulo de gente va cambiando, y en mi agenda de teléfonos, aparte de tener amigos y familiares, tengo gente relacionada con el consumo, es decir, amigos de consumo y camellos, cada vez más.
En el año 2002 conozco a la que es ahora mi mujer y madre de mis dos hijos. Ella nunca supo de mi adicción hasta el momento en que todo sale a la luz. La tolerancia de mi cuerpo permitió que pudiera llevar esa doble vida del adicto. Nos casamos en el año 2009 y nuestros hijos nacieron en el 2015 y 2017. Yo seguí consumiendo y seguí aumentando la frecuencia de mis consumos. Ya no necesitaba a nadie para hacerlo, ni buscar excusas, tan solo mi obsesión por la sustancia y mi compulsividad por llevarlo a cabo. Salte esa línea imaginaria que ningún adicto ve pero que, a base de abusar de la sustancia, te lleva a la dependencia.
Es en este último año, 2017, una de esas personas del círculo de consumo entabla amistad conmigo. Entre los dos se crea una unión que va más allá de la amistad simple. Yo me convierto en su “mano derecha”, a la que confía parte de su negocio. Dinero, joyas, cocaína, etc. Pero yo ya era dependiente de la sustancia, por lo que todo lo que tenía, lo consumí provocando un terrible agujero económico en mi familia. No hay día en el que no me arrepienta del momento en el que acepte eso. Las cantidades de consumo diarias se disparan, y mi persona, pierde todos sus valores. Me convierto en una persona introvertida, irrespetuosa, mentirosa, deshonesta, manipuladora, insensible, egoísta, desafiante, y con pensamientos que, a día de hoy, me da miedo recordar. Mi mujer si vio cambios en mi comportamiento, pero nunca los relaciono con la adicción. Tuve que lidiar mentalmente con la adicción, la deuda, el trabajo, mi familia, y eso hizo estragos en mi mente. Era durísimo psicológicamente tener que levantarte cada día con la losa de la deuda y con la obsesión por consumir, pero llegada la noche, la cocaína adormecía todo eso, hasta el día siguiente. Dia tras día, noche tras noche, hasta el 8 de enero de 2022.
El día 8 de enero, a las dos de la mañana, y no pudiendo ya esconder más mi enfermedad, me voy a despedirme de la sustancia para comentarle a mi mujer quien era su marido. En ese momento ella entra en shock no dando credibilidad a lo que oía. Mi liberación fue su dolor. Ella siempre ha odiado el mundo de la droga y, de repente, el padre de sus hijos, su marido, le dice que es adicto a la cocaína. Tampoco me perdonare el daño que le hice esa noche, temerosa, desconcertada y sin saber quién era realmente ese hombre que estaba delante suya.
El día 9 de enero decido entrar en GAEX, y es el momento que cambia mi vida. Entre como todos entramos, con miedo, con mucho miedo, con dudas, con temores. Durante este año y cuatro meses que llevo en la asociación no he dejado de asistir a terapia con mis compañeros, a los cuales quiero darle las gracias por ser un apoyo fundamental en mi proceso de rehabilitación. A día de hoy soy otra persona, con otros valores, otra forma de pensar y, por suerte, a la que mi mujer y mis hijos reconocen. Quiero agradecer a GAEX su labor encomiable para ayudar a salir de esta enfermedad, a Vicente y a Damián por ser mis guías en este proceso.
Y quiero terminar dando las gracias a mi mujer, una persona que, sin quererlo se ha visto dentro de una historia que no la merecía ni tenía porque vivirla. Quiero agradecerte tu lucha, tu coraje, tu cariño y el que me dieras la oportunidad de ser el hombre que soy ahora. Gracias por ser mi principal apoyo para salir adelante y hacerme creer que, de este infierno, se puede salir.